jueves, 24 de mayo de 2012

HISTORIA DE LA FIESTA NACIONAL

La Fiesta de Santa Lucía es casi tan antigua como el departamento. Una devota de la santa italiana, María Antonia Irrazábal, levantó allá por 1890 una capilla en su casa para orar; siendo invitados - en sucesivas oportunidades-  sus vecinos. Año tras año, esta devoción particular se fue transformando en una costumbre de los lugareños. Cada 13 de diciembre la casa de doña Irrazábal se inundaba de almas que buscaban en Santa Lucía la protección y el amor. Esta pequeña práctica de fe comenzó a trascender fronteras, de manera tal que quienes visitaban San Juan siempre tenían como visita obligada la capilla de Santa Lucía. Allí se encomendaban a la santa que les daba la bienvenida y que los bendecía al partir nuevamente a sus tierras.
La capillita de Santa Lucía comenzó entonces a ser muy pequeña para albergar a los miles de fieles que la visitaban. El terremoto de 1894 la destruyó, pero la devoción continuó. En vista de las necesidades religiosas de los lugareños, se construyó, en 1900, nuevamente el templo religioso a pedido del Obispado de Cuyo, con el apoyo del gobierno de la provincia. En 1907 se designa oficialmente a Santa Lucía como titular de la nueva parroquia. Los pobladores del departamento continuaron congregándose en torno de la figura de la virgen y mártir para cada acontecimiento: novenas, misiones, donaciones.
Los primeros programas de las fiestas parroquiales datan de 1927, según el archivo parroquial. Y contaban con una organización que incluía actos diferentes en los días de la novena. Estos eran: rezo del rosario, comuniones, confirmaciones, letanías cantadas, panegíricos de la santa, función solemne con orquesta, funciones cinematográficas, procesión, corso de flores, fuegos artificiales y consagración del departamento a la santa patrona.
La Fiesta de Santa Lucía fue incorporando otras actividades; que de apoco fueron transformándola no solo en una festividad religiosa, sino en la celebración más importante del departamento. Los lugareños llegaban hasta la plaza varias horas antes de la procesión. Y aprovechan para relacionarse socialmente y compartir en familia los festejos. Algunos, incluso cargaban desde sus casas canastas con comida para pasar una tarde de camping, y luego honrar a  Santa Lucía.
La tradición y los trascendidos suelen recordar algunos de los hábitos que fueron surgiendo en torno de la fiesta. Se habla del ritual de la flor, del olor que inundaba las calles, y del desfile de carros. El rito de la flor consistía en un simple intercambio de flores entre los presentes, que se llevaba adelante en el centro de la plaza; se comenta que más de un jovencito conquistó a su esposa a través del intercambio de un flor en la Fiesta de Santa Lucía. Otra característica recordada de las primeras fiestas tiene que ver con el olor que se sentía en los alrededores; que era una mezcla de guano y pájaro bobo. Los medios de transporte de la época (carretelas, sulky, mariposa) incluían caballos que guaneban, y para atenuar los olores se regaba con pájaro bobo. Al finalizar la festividad se producía un desfile natural de carros alrededor de la plaza, antes de partir nuevamente a casa. Para destacarse, las familias decoraban sus carros de diferentes formas, incluso con flores.
También se cuenta que la fiesta patronal era el momento oportuno para que  muchas personas recibieran cartas. El correo de la época era lento, y muchas veces tardaba meses en entregar una epístola; por los que cierto trabajador de la empresa tuvo la idea de entregarlas para las Fiestas de Santa Lucía. Lo que parecería hoy algo descabellado era eficiente ya que los pobladores, de todo el departamento, se reunían en torno de la patrona.
Cierto año, no existe una fecha exacta, un comerciante de la zona llamado Faustino Funes ubicó un escenario frente a su negocio para atraer más clientela. La Fiesta congregaba gran cantidad de personas, y pensó que la presencia de unos artistas llamaría la atención y tendría más comensales en su negocio. Y tuvo éxito.
A la precaria idea se fueron sumando otros comerciantes en los años posteriores, hasta llegar a elaborar un proyecto en conjunto. Luego de presentárselo al sacerdote de la parroquia, y de pedir el apoyo municipal, se empezó a gestar la Fiesta de Santa Lucía con características similares a las actuales.
En 1981, durante el gobierno departamental de Luís María Uliarte, Municipalidad, Parroquia, y Centro Comercial e Industrial de Santa Lucía, organizan la Primera Semana de Santa Lucía. La acogida entre los lugareños y visitantes fue tal que al año siguiente ya adquirió categoría de Fiesta Provincial. Comenzaron a engalanar el escenario delegaciones de diferentes rincones del país; y la fiesta empezó a ganar prestigio cultural, además de religioso. En el esplendor de sus carreras artísticas, la fiesta contó con la presencia de Horacio Guaraní, de Quilla Huasi, de Jairo, de Doña Jovita, entre otros.
Además de la festividad religiosa y del show cultural, la plaza comenzó a llenarse de ranchos o stand. En los cuales podían observarse artesanías, degustar comidas, o participar de un juego. Los más recordados y extrañados son: el de voltear los tarros con una pelota de trapo, el tiro al blanco, el embocar un regalo lanzando una argolla y la cédula. Este último consistía en comprar un papelito doblado que contenía alguna predicción para esa noche. Por supuesto también tenía mucho éxito la calesita. En ella se divertían los más pequeños y también los enamorados, ya que allí tenía lugar el juego del anillito. El encargado de la calesita colocaba una sortija de fantasía en un extremo de la misma, y entregaba a cada joven participante un palo con el cual debía conseguir sacarla mientras duraban las vueltas de la calesita. Quienes lo lograban no solo la pasaban bien, sino que tenían un obsequio para la novia.
Las dimensiones de la fiesta comenzaron a desbordar las expectativas de todos, y cada año que pasaba algo nuevo se incorporaba. En 1987 el escenario mayor, donde miles de talentos se mostraban a los ojos de los devotos de Santa Lucía, tuvo nombre: Santiago Paredes. Éste fue un destacado pintor santaluceño, de reconocida trayectoria en todo el mundo.  Para entonces la fiesta ya era más que multitudinaria, y se extendía durante las nueve noches de novena. Motivo que llevó al Ente Argentino de Turismo a declararla Fiesta Nacional de Santa Lucía; debido a que poseía las características que se requieren para tal denominación. Así aquel pequeño sueño de homenajear a Santa Lucía, se convirtió en un acontecimiento multitudinario y sin fronteras.

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